Escudriñando en lo más recóndito de mis sueños encontré
aquello que pensé olvidado, algo que siempre estuvo allí dentro, pero que con
el paso del tiempo había olvidado.
Cuando era niña siempre tuve la sensación de que alguien o algo me seguían
y no fue hasta mucho tiempo después que descubrí la peor de mis pesadillas, mi
historia se desarrolla alrededor 1.600 tiempo donde ahorcaban a las brujas y si
yo decía algo me podrían colgar por brujería.
Sería algo real o solo mi imaginación, durante un tiempo solo lo sentí,
luego empezaron a aparecerse ante mis ojos, era algo absurdo que jamás pensé
que existiera pero si, era real eran dos seres extraños uno espantoso con un
rostro poco definido, grandes y majestuosas alas, su vestidura era como la de un
gladiador pero absolutamente negra, sus piernas eran muy largas y alcanzaba un
tamaño descomunal como de más de dos metros y una asombrosa voz muy profunda
que me hacía temblar solo con escucharla, el EXTRAÑO como yo solía llamarlo solo hablaba lo necesario y cuando
quería decir algo se expresaba más con señas que con palabras. El otro ser por el contrario era celestial,
con mucha luz, con un par de alas hermosas y brillantes, su rostro muy pálido
con una melena de hebras como el oro que lograban cubrir los laterales de su
rostro, su exuberante belleza solo me hacía confiar en él resultando, lo peor
que había hecho en la vida. Al principio sentí tener como un par de amigos
imaginarios porque nadie más que yo los podía ver, pero pasaron a ser más que
eso. LUZ nombre que le di para identificarlo, se tornó un poco áspero en
comparación a como era al principio. El
me daba malos consejos me pedía que robara, que mintiera, que desobedeciera, en
fin todo lo contrario a lo que era su imagen, porque él se parecía a Dios.
El EXTRAÑO,
no puedo decir que me obligaba a hacer lo contrario a lo que LUZ me pedía, solo movía la cabeza
hacia los lados como en señal de negación, cosa que en cierto modo me inspiraba
confianza y terminaba obedeciendo, quizás por respeto o simplemente el sentido
común me decía que no era bueno lo que LUZ
me pedía. Así continuo mi vida por
varios años y el día que cumplí veinte años LUZ me dijo: “Ha llegado la hora, ya te he acompañado el tiempo
necesario, es hora de partir”, a lo que yo respondí: “Partir a donde, de que me
hablas. Y el susurro: “Te llego la hora…
y con voz alta dijo “morirás”. Al decir
esa frase apareció el EXTRAÑO y le
dijo: Yo también la he acompañado y cuidado mejor que tú, ella no merece morir
en tus manos”…
Yo le dije porque hiciste
todo esto, acabaste con tu propia vida por protegerme a mí. A lo que respondió: Y lo volvería hacer,
porque tú eres mi hija. En ese momento
lo vi caer a mis pies sin vida. No
entendía lo que estaba pasando, como pude llegue a mi hogar y hable con mi
madre de absolutamente todo desde que era niña.
Pensé que quizás mi madre creería que estaba loca, pero no. Luego de desahogarme ella con lágrimas en los
ojos me dijo: “Hace veinte años caminaba por un campo y observe unas luces
brillantes desde la tierra y alcanzaban el cielo, me acerque sin que pudieran
verme y lo que vi no parecía real eran dos seres que no eran de este mundo, uno
de ellos parecía mujer y tenía una pequeña metida en una mochila en su espalda
y aun así lucho y venció, yo no sabía la razón pero al verle en el suelo me
acerque a ella te puso en mis brazos y me dijo cuídala hazla tu hija llámala Anael (ángel de la gracia divina y del
amor) para que le salves la vida, yo la amoldare a tu imagen para que pueda
vivir desapercibida aquí en la tierra y cuando llegue la hora se transformara,
en ese momento no entendía nada. Ella trato
brevemente de explicarme sobre una batalla entre ángeles caídos y que estabas
en peligro, me dijo que te protegiera y que nunca le dijera a nadie hasta que
tu padre Azrrael te salvara. Pero jamás pensé que este día llegaría ni que
tu padre para salvarte tendría que morir.
Te amo
como si fueras mi hija pero si
tienes que seguir tu camino propio hazlo, ese es el deber de una madre,
abrirles los brazos a sus hijos para que ellos tomen su rumbo. Una vez dichas esas palabras sentí como
salieron de mí aquellas mismas alas majestuosas que había visto antes en el EXTRAÑO, solo que ahora sabía que era Azrrael mi padre. Fue muy duro para mi pasar de ser una persona
normal a ser hija de un arcángel
bajo las órdenes de Dios, denominado Ángel de la muerte, por ser quien acompaña
hacia el camino de luz aquellas personas que se les aproxima su muerte.
Desde allí comencé a hacer el papel de mi
padre y he cuidado por mucho tiempo a muchísima gente incluyendo a mi madre en
la tierra hasta el día de su muerte.

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