miércoles, 22 de junio de 2016

Anael


Escudriñando en lo más recóndito de mis sueños encontré aquello que pensé olvidado, algo que siempre estuvo allí dentro, pero que con el paso del tiempo había olvidado.  Cuando era niña siempre tuve la sensación de que alguien o algo me seguían y no fue hasta mucho tiempo después que descubrí la peor de mis pesadillas, mi historia se desarrolla alrededor 1.600 tiempo donde ahorcaban a las brujas y si yo decía algo me podrían colgar por brujería.  Sería algo real o solo mi imaginación, durante un tiempo solo lo sentí, luego empezaron a aparecerse ante mis ojos, era algo absurdo que jamás pensé que existiera pero si, era real eran dos seres extraños uno espantoso con un rostro poco definido, grandes y majestuosas alas, su vestidura era como la de un gladiador pero absolutamente negra, sus piernas eran muy largas y alcanzaba un tamaño descomunal como de más de dos metros y una asombrosa voz muy profunda que me hacía temblar solo con escucharla, el EXTRAÑO como yo solía llamarlo solo hablaba lo necesario y cuando quería decir algo se expresaba más con señas que con palabras.  El otro ser por el contrario era celestial, con mucha luz, con un par de alas hermosas y brillantes, su rostro muy pálido con una melena de hebras como el oro que lograban cubrir los laterales de su rostro, su exuberante belleza solo me hacía confiar en él resultando, lo peor que había hecho en la vida. Al principio sentí tener como un par de amigos imaginarios porque nadie más que yo los podía ver, pero pasaron a ser más que eso.  LUZ nombre que le di para identificarlo, se tornó un poco áspero en comparación a como era al principio.  El me daba malos consejos me pedía que robara, que mintiera, que desobedeciera, en fin todo lo contrario a lo que era su imagen, porque él se parecía a Dios. 


El EXTRAÑO, no puedo decir que me obligaba a hacer lo contrario a lo que LUZ me pedía, solo movía la cabeza hacia los lados como en señal de negación, cosa que en cierto modo me inspiraba confianza y terminaba obedeciendo, quizás por respeto o simplemente el sentido común me decía que no era bueno lo que LUZ me pedía.  Así continuo mi vida por varios años y el día que cumplí veinte años LUZ me dijo: “Ha llegado la hora, ya te he acompañado el tiempo necesario, es hora de partir”, a lo que yo respondí: “Partir a donde, de que me hablas.  Y el susurro: “Te llego la hora… y con voz alta dijo “morirás”.  Al decir esa frase apareció el EXTRAÑO y le dijo: Yo también la he acompañado y cuidado mejor que tú, ella no merece morir en tus manos”…

Y en ese momento se inició una batalla entre esos dos seres con fuerza descomunal que jamás creí vieran mis ojos.  Fue tan siniestra la batalla entre ambos, que ocasiono una expansión de fuego letal que ocasiono la perdida de millones de sembradíos que le aportaban alimentos a miles y miles de Franceses, lo que en la historia se registró como la hambruna en Francia que mató a dos millones de personas.  A pesar de ello el EXTRAÑO me tenía flotando como en una especie de burbuja que no dejaba que me alcanzaran las devoradoras llamas.  La batalla fue a muerte, vi como LUZ cayó al suelo casi inerte pero antes lanzo su espada al EXTRAÑO logrando atravesarlo y este se fue desvaneciendo hacia el suelo, al mismo tiempo que me bajaba a un lugar seguro donde me dijo: “Nunca hubiera dejado que te hiciera daño… jamás”.
Yo le dije porque hiciste todo esto, acabaste con tu propia vida por protegerme a mí.  A lo que respondió: Y lo volvería hacer, porque tú eres mi hija.  En ese momento lo vi caer a mis pies sin vida.  No entendía lo que estaba pasando, como pude llegue a mi hogar y hable con mi madre de absolutamente todo desde que era niña.  Pensé que quizás mi madre creería que estaba loca, pero no.  Luego de desahogarme ella con lágrimas en los ojos me dijo: “Hace veinte años caminaba por un campo y observe unas luces brillantes desde la tierra y alcanzaban el cielo, me acerque sin que pudieran verme y lo que vi no parecía real eran dos seres que no eran de este mundo, uno de ellos parecía mujer y tenía una pequeña metida en una mochila en su espalda y aun así lucho y venció, yo no sabía la razón pero al verle en el suelo me acerque a ella te puso en mis brazos y me dijo cuídala hazla tu hija llámala Anael (ángel de la gracia divina y del amor) para que le salves la vida, yo la amoldare a tu imagen para que pueda vivir desapercibida aquí en la tierra y cuando llegue la hora se transformara, en ese momento no entendía nada.  Ella trato brevemente de explicarme sobre una batalla entre ángeles caídos y que estabas en peligro, me dijo que te protegiera y que nunca le dijera a nadie hasta que tu padre Azrrael te salvara.  Pero jamás pensé que este día llegaría ni que tu padre para salvarte tendría que morir.  Te amo como si fueras mi hija pero si tienes que seguir tu camino propio hazlo, ese es el deber de una madre, abrirles los brazos a sus hijos para que ellos tomen su rumbo.  Una vez dichas esas palabras sentí como salieron de mí aquellas mismas alas majestuosas que había visto antes en el EXTRAÑO, solo que ahora sabía que era Azrrael mi padre.  Fue muy duro para mi pasar de ser una persona normal a ser hija de un arcángel bajo las órdenes de Dios, denominado Ángel de la muerte, por ser quien acompaña hacia el camino de luz aquellas personas que se les aproxima su muerte. 
Desde allí comencé a hacer el papel de mi padre y he cuidado por mucho tiempo a muchísima gente incluyendo a mi madre en la tierra hasta el día de su muerte.





No hay comentarios:

Publicar un comentario